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viernes, 20 de abril de 2012

Volver al ayer vestida de hoy.

Uno camina, sueña, imagina... Pero a menudo se deja arrastrar por los vientos como si fuera una hoja. Descubre laberintos, se enrieda en mil caminos, y vuelve a explorar el paisaje que se abre paso detrás del telón. Y en ese andar va dejando vestigios de sí mismo, como si se desprendiera de lo que es y lo estampara en las paredes de aquel salón, bajo las teclas de aquel piano añejo, entre las hojas de ese pequeño libro que supo leer más de una vez. Y sigue caminando, casi sin notar cuántas de sus sombras quedaron atrás.

Imágenes como si fueran fotos, que quedaron grabadas en la retina de alguien más joven. Perfumes que de pronto logran triunfar entre las memorias famélicas, y traen ese mundo de antaño y lo despliegan sobre la mesa del corazón como si fuera un gran rompecabezas. Poco a poco las caras encastran con los nombres, los lugares con las historias. Aquél banco, aquél salón! Esa baldosa floja que no cede ante el pastizal. Esa mancha en la pared que guarda tantas historias que ni la pintura fresca es capáz de hacerla sucumbir ante la muerte.

Y al volver a esos lugares que hace tiempo dejaron de ser frecuentes (quizás porque pesan demasiado) uno se reencuentra con la persona que solía ser, con las viejas ilusiones, con los sueños imposibles que alguna vez adornaron la imaginación hasta que, en el mejor de los casos, se volvieron realidad. Esas sombras que uno creyó haber enterrado vuelven a ser parte de uno. Pero también se descubre que el reloj siguió danzando, y aunque el silvido del viento interno reconozca con alegría esas mismas voces, a veces la niebla del olvido se atraganta con muchos ayeres.

Uno se encuentra frente a frente con el ayer, aunque el ayer no lo reconozca... y hay que ingeniárselas para vencerle al olvido, y salir con la victoria en el combate contra la nada. En la desesperación por que aparezcan esos recuerdos en la memoria del otro, de esa otra persona que tanto significó para nosotros, uno se pierde... y se descubre distinto. ¿Y cómo se hace, si uno ya no es quien solía ser? Simple... recurre a lo que nunca varía: La sonrisa, la mirada.

miércoles, 8 de junio de 2011

Sin mate, entre sombras de ayer

El último sorbo de mate, frío y pensativo, se mezcla con la hojarasca de tu voz, y yo con los bolsillos rotos, esperando el minuto en que esa sombra deje de no ser, que se vuelva al fin tangible.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Un elefante con alas

Con este cuento participé de un concurso literario de "ficciones de la historia argentina", de caracter regional, organizado por la Escuela Nacional Ernesto Sábato, y la Biblioteca Bernardino Rivadavia, de la ciudad vecina de Tandil. Ganó el primer premio de la categoría D (estudiantes terciarios, universitarios y público en general) y me gustaría compartirlo. La idea era crear un cuento cuya temática estuviera relacionada con algún acontecimiento histórico de nuestro país, espero que les guste.

Un elefante con alas

De pronto me detuve con las pupilas estiradas hacia el cielo de árboles, y me vi perdida, casi sonámbula, buscando su palabra para jalar de mi misma; y entonces lo comprendí, Ale era un elefante.


La luz de la mañana estaba lenta, como si los rayos que se escurrieron por la ventana se hubieran adherido débilmente a las cosas, que apenas lucían en su descanso. El frío abrazaba mi mente, desbordada de preguntas y, para mis ojos, las agujas del reloj se habían olvidado los pasos. Habían pasado tres meses ya desde las patadas, las valijas y el vuelo, y Ale no llegaba.

Desde la ventana se veía correr a una hormiga que había perdido el subte y estaba presurosa por llegar a trabajar. El resto hacía el mismo recorrido que los días anteriores, una tras otra, desde el café hasta la plaza. Era como esas tardes en las que espiaba a Ezequiel mientras jugaba con sus soldados, siempre en su guerra eterna, con los mismos diálogos mezclados de barro. Extrañaba sus peleas, su inocencia.


La pava gritó y mis pies volvieron a Abril. Intenté recordar, entre sorbo y sorbo de té, quién era antes, y me vi dormida, ciega o quizás mucho peor: indiferente. Hasta que llegó él, con esa corona enrulada que cuando rozaba los centímetros del peligro sufría una poda repentina, no fuera a ser cosa que se enredaran los problemas y sonaran patadas en vez del timbre. Alejandro había invadido mi burbuja poco a poco y me había despertado, pero desde adentro. Nos conocimos casi sin querer, sin buscarnos, y en el delirio de liberar mi mente, encadenó nuestras almas.


Inútil fue tratar de olvidarlo cuando papá insistía en que no era propicia nuestra amistad, aunque Ale me hubiera prohibido llamar así a lo que nos unía. Me proponía cosas simples, como caminar descalzos por el pasto, embarrarme, sentir; y eso a papá le disgustaba. A mí, en cambio, me volaba la cabeza, me llenaba de miedos, de sensaciones nuevas, me regalaba vida. Ale estaba en el segundo año de arquitectura, e insistía en que el país estaba creciendo con las raíces torcidas, y que era inevitable que con el tiempo se transformara en leña de otros hogares. Pocas veces entendía sus palabras, y no siempre sonaba muy cuerdo.


Tenía que comprar víveres, así que tomé la cartera, un poco de dinero y bajé las escaleras, no sin antes dejar una nota por si volvía y no me encontraba. La ciudad caminaba a un ritmo que desconocía, y bastaron pocos minutos para que mi desorientada cabeza volviera a sumergirse en el jardín de las huellas eternas.


Recordé la tarde en la que mientras caminábamos tomados de las manos, él me hablaba del circo de la vida, como solía llamarle a la rutina en la otra tierra, y me decía que después de la función de títeres llegaba el show de los elefantes, que era su preferido. Yo lo acusaba de loco, y me divertía con sus terribles ocurrencias, y al mismo tiempo intentaba ejercer una astronomía sublime en el infinito de sus ojos café, buscando un ápice de burla, pero él insistía y me decía:

-A veces, los elefantes caminan en dos patas, por eso no los ves, y hasta usan trajes y corbatas. De verdad, se camuflan bien entre la gente, pero lo que no pueden ocultar son sus ideas, son demasiado grandes para que les quepan en los bolsillos.


Era, sin dudas, un soñador, un atrevido, y eso mismo fue lo que nos envió de viaje. Una noche discutieron de manera muy ruda con papá, se gritaron, y a los minutos Alejandro subió a despedirse. Yo lo esperaba con la valija en la mano, decidida a irme a donde fuera necesario. Fue la única vez que se asomaron un par de lágrimas en sus ojos, pero aún así ideamos la fuga. Las noches empezaban temprano, y era peligrosa la oscuridad, así que concluimos escapar antes de la escuela, simulando un día común.


Pasaron dos semanas antes de poder volar, y mientras tanto nos las arreglábamos en un cuarto que nos habían conseguido un matrimonio amigo de Ale, perdón, de Juan. El mismo día que viajábamos, entraron a las patadas gritando nuestros nombres. Logramos escapar por la ventana, con miedo y terror. Yo pensaba que era papá que se había enloquecido por mi ausencia.


Ale, o Juan, creyó que era demasiado peligroso viajar juntos, que sería más seguro que viajara en el primer vuelo yo, y que luego él tomaría otro para reencontrarnos ya en París. Los nervios me agarrotaban el estómago, y el miedo había congelado mis manos, pero acepté despedirlo ahí mismo. Sentí su mano sobre la mía, y luego una bocanada de ojos café cristalinos. Nos besamos, primero lento, negando el adiós, después a chorros, como si hubiésemos querido que aquellos besos nos duraran hasta cuando estuviéramos dormidos, hasta cuando estuviéramos muertos. Nos abrazamos hasta que nuestras sombras se volvieron una, y no dijimos nada más.


No fui capaz de dar otro paso, y con la mirada borracha de lágrimas, caí de rodillas como penitente, la sangre que galopaba con ansiedad ante las memorias se heló, y mis ojos por fin miraron sin máscaras, sin vendas. Aquel circo de puertas rotas de aquella tierra lejana, se había erigido sobre un cementerio de elefantes, y mientras arriba los ciegos creían ver, las marionetas se dejaban caer sobre sus hilos por fatiga anticipada de romperlos. La sucursal de Cristo había sido tomada, habían pisoteado toda fé. En las escuelas, en los jardines, ya no se enseñaba, se cazaba, se pescaba al peor pez. Y aunque habían alambrado con púas las guitarras, y la música se bañaba en sangre; las historias se vestían de rojo y salían a gritar. Los elefantes no eran perseguidos por el marfil, sino por sus ideas, y Ale tenía ideas enormes.


Sentí miedo. Ese mismo miedo que te corre por la espalda, te acaricia la nuca, y se vuelve frío en tus oídos. Detestaba la idea de que Ale se convirtiera en esos amores inconclusos que no pueden ser extirpados de la memoria, que perduran en su luz melancólica como si estuvieran preservados en ámbar, intactos y anhelantes. Él tenía que ser más fuerte, tenía que llegar, Ale no podía formar parte de los cimientos de ese atroz circo. Él tenía que llegar.


Anneris Arenzo.

martes, 5 de octubre de 2010



A veces la locura es una dulce compañera, lo que mata en cualquier mundo es la soledad.
te invito a mi mundo, ¿venis ?

lunes, 13 de septiembre de 2010

If you never meant to leave, then you only had to stay

En cierto modo, temía haber perdido mis sentimientos. Detestaba la idea de haberlos olvidado sobre la mesa de algún café, o que se me hubieran caído mientras caminaba presurosa hacia la facultad. Pensé que quizás, en alguna ventisca, se me hubieran volado las miradas que venía juntando, y sentí miedo. Ese mismo miedo que te corre por la espalda, te acaricia la nuca, y se vuelve frío en tus oídos.
No quería perderte y quedar vacía, aun cuando fuera más simple el caminar. Un poco atolondrada, torpe como de costumbre, revisé todos los bolsillos del saco, busqué dentro de la cartera, saqué las cosas una y otra vez esperando que en mi despiste no los hubiera visto; pero no había señal alguna de tu existencia.
Días recorriendo los mismos caminos de antes, con la esperanza de encontrar algún abrazo enganchado en un arbusto, quizás bajo una baldosa vieja... No podía imaginar que alguien más te mirara con mis ojos; me dolía la idea de no sentirte, de perderte sin haberlo decidido.
Y aquella noche fría, después de esa charla tan seria, bastó una simple sonrisa para devolverme lo extraviado. Y sentí alivio, de tenerte de regreso, de volver a contar esas peleas con un poco más de cariño; de no haber permitido que otro corazón te quiera tanto.

viernes, 20 de agosto de 2010

Un arcoíris detrás del blanco y negro

Timbales melancólicos resuenan con los latidos, y el eco de risas viejas deja un halo de nostalgia y alegría por lo caminado... una mirada a la deriva, una sonrisa que se empapa suavemente, y mientras la brisa fresca del nuevo día agita las cerdas de cabello, una nueva sonrisa nace, consciente de ayeres gratos y mañanas venideras.

Nada se pierde, todo se transforma, y mucho más allá de la teoría expuesta por eruditos de antaño, es el hoy quien nos enseña que las miradas siguen, que nadie se marcha sin que uno lo despida, y que los recuerdos no mueren, aun cuando los pensemos olvidados.

No existe guión alguno que nos señale a qué pieza del tablero debemos darle vida, pero cada tanto grandes directores nos bañan con sus experiencias y nos enseñan a elegir caminos.
son jefes de batalla que no nos dan oportunidades para demostrar nuestra fuerza, nos muestran el camino para buscar esa encrucijada y así aprender a luchar por nuestra cuenta.
no nos instruyen en cómo evitar fracasos, nos demuestran que son parte del camino al éxito. son abrazos estrujadores que despiertan las ganas de seguir, son miradas profundas que conocen demasiado y que hablan por su cuenta.

Son pilares. son sonrisas archivadas en el cajón de la nostalgia... que cada tanto vuelven del pasado a darnos fuerzas. son personas. son gigantes cargados de historias.
son los colores de los días que se visten de noche.

Son esas personas que te marcan a fuego, las que hoy me hacen tan feliz.
Gracias!


buscando papeles, encontré este escrito que lleva un par de meses de vida, y antes de seguir con la temática masoquista del desamor, preferí sacarlo a flote una vez mas. Anne

domingo, 1 de agosto de 2010

La luz está, sólo hay que mirar.

Deja que la luz te llene cada poro, que tu mente encuentre calma, y tu cuerpo fortaleza. Deja que los problemas que te amortajan, se queden en la arena. Deja que tu corazón se llene de dicha, y sonríe al terminar de recordar por qué estás acá.

miércoles, 23 de junio de 2010

quizas sea el momento de levantar otro castillo

La luz de la mañana está lenta, como si los rayos que se escurrieron por la ventana se adhirieran débilmente a las cosas, que apenas lucen en su descanso. El frío abraza mi mente, y al compás del reloj, otro castillo se hunde tras la bocanada salina…el instante efímero de una ola destructora arrasó con un par más de ilusiones apiladas en los recovecos del alma, galería absurda de mi piel. Quizás ahora, que ya bajé los brazos, que no me quedan palabras, que excomulgué las ganas, sea tiempo de cambiar de mirada, de intercambiar con ojos que vean desde lo alto. Quizás sea el momento de escuchar decir que no importa el cielo, sino las nubes… Que no importa el mar, sino el susurro del viento; que no importan las hojas, sino su verde… y que a pesar de no verlo, el sol se siente… quizás sea hora, de escuchar sin hablar, sin importar el origen de las palabras… atraparlas antes de que salten, y entender que en realidad no importan las verdades, porque ya son ciertas.Y que si la vida se disfraza de bosque de algarabías, alguien me diga que con la energía del corazón puedo encender mi propia antorcha, que como alguna vez escribieron, la vida no se mide por las veces que uno respira, sino por aquellos momentos que nos dejan sin aliento. Quizás sea el tiempo de guardar silencio y escuchar, aunque no se sepa la génesis de aquel susurro; y traer otro balde de arena, que lo divertido es construir a contra reloj, y no el castillo en sí.


domingo, 13 de junio de 2010

Palabras van, palabras vienen

simples, rebuscadas, extensas o cortas...las palabras definen nuestro ser.

todo a nuestro alrededor es palabra, incluso el aire al respirar está cargado de ellas, las más elegidas, las que ya murieron por el desuso, y las que quedan latentes a pesar de los años.

TODO es palabra.. aún el silencio, que de tan cargado no necesita hablar...


las palabras van y vienen, pero el verdadero valor se lo da uno. uno elige si se quedan para siempre, durmiendo en nuestra memoria, o nos visitan sólo un rato. pero de todas formas, la magia que esconden es única e inigualable.


son, sólo palabras.




jueves, 6 de mayo de 2010

De las formas de hablar prefiero la del alma

En cada pincelada, cada nota, cada palabra, florece nuestro interior.

Algunos dicen que la música es el lenguaje del alma, yo misma he pronunciado tales palabras creyéndolas tan propias como las del autor, pero me pregunto si tal vez el alma hablara varios idiomas. ¿Qué sucedería si dominara a la perfección otras lenguas extranjeras? ¿Seguiría siendo la música su lengua origen, o también podría manifestarse en distintas formas con igual majestuosidad?

A veces una pintura nos impacta y nos deja reflexionando, en especial aquellas surrealistas que no dejan bien en claro qué son, ni qué no son. Deseamos descifrar qué intentó transmitir el artista, y como críticos prestamos atención a cada detalle, cada combinación de colores, cada textura; en busca de apreciar aun más la obra, o en busca de conocer esa sensación que se proyecta desde nuestro interior. Puede gustar o no, pero de cualquier manera nos hace pensar en un montón de cosas antes para decidirlo.

Por otra parte, a veces es un escrito quien nos roba una lágrima, una sonrisa, la seguridad de no ser la única persona que siente determinadas cosas, sino que alguien más ya las vivió. Las palabras pueden ser tan sabias que de cuando en cuando asustan. Llegan tan profundo dentro de nuestro ser que solemos releerlas para absorber hasta la última gota de ellas, intentando así satisfacer esa necesidad imperiosa de comprender y ser comprendidos.

En determinados momentos, la belleza de una pieza musical toca “algo” dentro nuestro y despierta una cantidad sin número de emociones. Nos trae recuerdos, olores, y hasta en ocasiones alguna que otra lágrima también. ¿Sería justo eso lo que el artista intentó trasmitir? ¿O simplemente son conjeturas propias?

¿Será que tal vez cada uno lee lo que necesita leer?

Y ¿qué sucede cuando somos nosotros quienes deseamos hablar? ¿Escribimos, cantamos, o dibujamos nuestras palabras?

A veces un amargo entre amigos no alcanza para desagotar el alma y necesitamos descargar de alguna otra manera. Uno puede decidir agarrar una pluma y un papel amarillento para permitir que los sentimientos fluyan en forma de prosa; o meter la mano en un tarro de pintura, y enchastrarse a sí mismo para sentirse parte de cada color. Puede sentarse en el piano y probar armonías, tocar con fuerza cada tecla hasta que el sonido flote en el ambiente y ya no se sienta nada más. La cuestión esta en encontrarse a sí mismo y charlarse. Es delatar al inconsciente y animarse a ser.

No debería existir rivalidad entre las diversas formas de hablar. No por gustarnos más unas que otras son mejores o peores. Simplemente son distintas. En nuestra era, diversos personajes ilustres le han dado un lugar especial a la música en sus pensamientos. Grandes filósofos como Schoupenhauer, Adorno, Bolch y Nietzche fueron influidos de sobremanera en muchas de sus obras, aludiendo a la importancia de la música como el tejido de sus escrituras.

Debo admitir que coincido con Nietzche al afirmar que no podría vivir sin la música, pero discrepo en parte con él cuando sostiene que la música nunca estará a merced de la poesía, y que aunque se la golpee, se la taladre o se la atormente como ruido, como redoble de tambor, es decir, en sus grados más groseros y sencillos siempre la vencerá y la rebajará a un mero reflejo suyo. No considero que debiera generalizar de tal manera, puesto que no podemos negar que la lírica tiene un peso importante al hablar.

Artistas como Spinetta demuestran que sí existe esa sublime conexión entre la música y la palabra. La falta de una coherencia narrativa en sus obras puede ser aborrecida por varios y alabada por tantos otros. En sus letras se observa la evidencia de un automatismo en la escritura y se destaca una ruptura del sintagma, se hace patente la intención de seguir un juego surrealista. Tanto su música como su lírica se complementan de manera tal que llegan a cada uno en forma distinta e igual a la vez. Logran sacarte un escalofrío y erizarte la piel. No quiero caer en pecado de ignorancia y dejar de lado a tantos otros que demuestran esta unión entre la música y la palabra, sino que solo por admirar las metáforas ocultas en sus letras, muchas de ellas inspiradas en pinturas y obras ya escritas (por ejemplo de Antonin Artaud, Van Gogh, entre otros). En tiempos donde la lírica sufre desiluciones, artistas como el flaco realzan su significado.

La multiplicidad de lenguajes nos permite hablar en varios idiomas a la vez, cada cual tiene su manera de expresarse. Algunos lo hacen a través de las palabras, otros prefieren callar y dejar que sus manos pinten sus pensamientos, y algunos otros nos permiten oírlos en melodías. Pero lo importante es hacerlo, es dejar que el pájaro azul salga de su jaula tan solo unos instantes, es abrirse a un campo lleno de sonidos consonantes y vocales, y de imágenes intuitivas. Es ser uno mismo, y amigarse con su yo. Es ser libre para expandir los límites auto-impuestos y abandonar el temor a los prejuicios. No sirven los jueces en el arte, porque cada obra nace por una necesidad interior, para sí mismo.

“El lírico canta como canta el pájaro, por una necesidad interior y enmudecerá si ante él se planta un oyente curioso.”

No debería preocuparnos a quien más llegará, sino salir de ese mundo en el que nos ocultamos a reflexionar y animarnos a cantar, a tocar, a pintar; solo para satisfacer nuestra propia necesidad, y no la de los demás. Sólo para ser nosotros mismos, y aprender a hablar el lenguaje del alma, para contar las cosas más profundas y dejar que nuestro pájaro azul respire libertad.

viernes, 30 de abril de 2010

cuando el hablar se complejiza

Aveces las palabras se vuelven torpes, y se olvidan de cómo caminar para explicarle a los ojos que miran, lo que uno siente, lo que uno espera, lo que de verdad pretenden expresar. y están perdidas, vagabundeando, con una brújula que no apunta al norte, en un intento torpe por hablar.

A veces, muchas de ellas mueren atrapadas en las fauces de los nudos de garganta, y otras pocas que logran vivir, se pasan de largo y se vuelven sal en las gotas. a veces, sólo a veces, son precisas, y espontáneas, de una hermosura susurrante, que va mucho más allá de la imaginación y la creatividad.

Muchas palabras se escurrieron en mis ojos, y la admiración dió paso a la sonrisa sincera, ingenua, crédula... pero hoy las mías ya no saben cómo hablar, y la distancia difumina la mirada, que sin palabras dice mucho y desde muy adentro... no queda otra cosa que aprender a confiar, en los saberes del otro, para entender, que no siempre el silencio es mudo, y que de cuando en cuando, esconde abrazos, sonrisas, miradas, relatos.

jueves, 29 de abril de 2010

Blancos y Negros

Caminando entre blancos y negros que saturan todo tipo de visión,
martilleos constantes que transportan la mente a un estado inocuo donde no hay nada mas que eso.
martilleos fuertes sobre cuerdas que crean matices en el ser superfluo cuya mente escapo hace tiempo.
negros y blancos que se mezclan en el caminar instintivo.
blancos sobre blancos, se superponen creando aquel colchón.
negros que dan tensión, blancos y negros dominantes,
negros, negros que despiertan interés, negros y más blancos.
martillos suaves que golpean con fuerza ese pedazo de metal enroscado para eliminar cualquier objeto banal de pensamiento..


blancos.


negros.


martillos.